un tubo que engulle y sigue vacío

lifeshort

· La mirada es una elección. El que mira decide fijarse en algo en concreto y, por consiguiente, a la fuerza elige excluir de su atención el resto de su campo visual. Ésa es la razón por la cual la mirada, que constituye la esencia de la vida, es, en primera instancia, un rechazo.

·Puede ocurrir que el accidente mental sea secretado por el propio cerebro: ésos son los accidentes más misteriosos y graves. Sin motivo, una circunvalación de materia gris da a luz a una idea terrible, un pensamiento espeluznante, y, en un segundo, se acabó para siempre la tranquilidad del espíritu. Sin embargo, existen seres que no sufren ningún accidente fatal. Son los vegetales clínicos. Los médicos estudias sus casos. En realidad son los que desearíamos ser. Es la vida lo que debería ser considerado un fallo de funcionamiento.

·Aquellos que, de un modo u otro, han conocido la murte desde demasiado cerca y han regresado tienen dentro de sí su propia Eurídice: saben que en su interior existe algo que se acuerda perfectamente de la muerte y que más vale no mirarla de frente. Eurídice es tan seductora que tendemos a olvidar porque hay que resistirse a su influjo.

·Algunas personas habían observado que era recomendable aceptarme, dejarse inundar por mí sin oponer resistencia.

·Pero insisto en pensar que la mejor razón para el suicidio es el miedo a la muerte.

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sonrisa de paralítico

-Más adelante te reprochará haber decidido por ella, sin dejarle la libertad de elegir.
– Haces de ella una excepción, una excluida. Es duro para una niña afrontar la muerte, el mal, si no cree en Dios. Si creyera eso le ayudaría.

 

El hombre está aplastado por la técnica, alienado por su trabajo, encadenado, estupidizado. Todo el mal proviene de que ha multiplicado sus necesidades en vez de contenerlas. Contentarse con un mínimo vital como aún lo hacen ciertas comunidades muy pobres donde el dinero no las ha corrompido, donde conocen una austera felicidad.

 

Bajo su mirada se siente preciosa. Preciosa: se deja caer en la trampa. Creemos tener apego a un hombre, piensa Laurence: tenemos apego a cierta idea de nosotros mismos, a una ilusión de libertad o de imprevisto, a espejismos.

 

Existimos. Se trata de no advertirlo, de tomar impulso, de ir de un tirón hasta la muerte. El impulso se cortó hace cinco años. Me repuse. Pero el tiempo es largo. Siempre volvemos a caer. Ya pensar en ello es resbalar hacia la neurosis.



“Si pide un descafeinado, me levanto y me voy. Es la bebida que menos cuadra con una reunión distendida y agradable. El té tampoco es mucho mejor. Se palpa en el aire que las tardes de los domingos se pasarán viendo la televisión. O peor aún: en casa de los suegros. […]. Por fin François decidió que podía estar bien un zumo. Queda bien pedir un zumo, no resulta demasiado agresivo. Da la sensación de chica dulce y equilibrada. Pero ¿qué zumo? Mejor evitar los de toda la vida: el de manzana o el de naranja, ésos están muy vistos. Hay que ser un poquito original, pero sin caer en la excentricidad. De papaya o de guayaba no, eso da como miedo. No, lo mejor es elegir algo a medio camino, como el albaricoque, por ejemplo. Sí, eso es. El zumo de albaricoque es perfecto. Si elige eso, me caso con ella…

– Voy a tomar un zumo…

– ¿…?

– Un zumo de albaricoque, creo.

Francois la miró como si no fuera real del todo.”